Bio

015vivacpinedaPaco Marín. Esta historia comienza sólo unos años atrás, cuando decidí abandonar la toga para dar un giro radical a mi vida que nunca imaginé ni en el mejor de mis sueños. Desde entonces, soy fotógrafo y dedico todo mi esfuerzo a contar historias y transmitir emociones con una cámara entre mis manos. Creo que la mirada se educa, que el talento se trabaja y que esta vida es mucho más divertida si te dejas sorprender.

Aunque los madrileños me robaran mi acento hace más de 20 años, por mis venas corre sangre gaditana. Allí tengo buena parte de mi familia y de allí guardo los mejores recuerdos de mi infancia. La playa del Carmen, las levanteras, el azul turquesa del mar, Alemanes y Punta Paloma, las aceitunas con anchoas de mis abuelos y por supuesto pescar robalos y palometas con mi padre. Llevo el mar dentro de mí y siempre lo echo de menos.

Tomé la mejor decisión de mi vida cuando le propuse a Cris que se casara conmigo. Y ella sin pensarlo muy bien aceptó.  Menos mal pensé yo. Confianza y generosidad. Musa y heroína. Sin ella Retrato de un Instante no existiría. Sofía, Diego y Paquito son nuestros hijos y el amor de padre es algo difícilmente explicable.

Disfruto de los más sencillos placeres de esta vida: pasear con mi familia bajo el sol invernal de Gerra, las patatas fritas, pescar truchas con mi padre en el Curueño, jugar al tenis, Wilco y sus conciertos, Delibes y su amor por el campo castellano, una copa con mis amigos utilizando el fútbol como tapadera y por supuesto el Atlético de Madrid.

Y hasta aquí la difícil tarea de hablar sobre mí. El resto espero que lo hagan mis fotografías.

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Manu Aymerich. Crecí en un tiempo en el que 24 o 36 disparos eran números importantes. Y ya desde niño traté de fotografiar con pocos medios los elementos naturales que cautivan casi toda mi atención, en especial el mar. Encontré en mi familia la inspiración y estética para hacerlo. Y a día de hoy, todo permanece. Me gusta contar historias de forma creativa. Y como soy algo tímido, me escondo tras un objetivo.

Mi forma de pensar está muy marcada por la formación de ingeniero que un día decidí perseguir. Tuve la inmensa suerte de completar mis estudios disfrutando de una beca en el School of Visual Arts de la University of California, Berkeley. Y fue en éste entorno artístico, sobre todo con medios analógicos, donde puse las bases de lo que hoy es mi fotografía. Admiro la pureza de lo sencillo y lo efímero del momento.

Seguramente por inconsciencia, decidí encargar las fotos de mi propia boda a mi buen amigo Paco. Y precisamente en esa fecha señalada para mi, nació Retrato de un Instante. Desde entonces, Paco y yo no hemos dejado de hacer fotos juntos y sobre todo de compartir ideas, trabajo, sueños y vida. Aunque mis hijos echen de menos que falte muchos fines de semana, intento transmitirles la gran suerte que tengo de poder dedicar tanto tiempo a una de las pasiones de mi vida.

Jaime

Jaime Rivero“Se empeñaban en hacerle difícil la soledad” Leo ahora esa frase del capítulo tercero de su libro e imagino la esmerilada figura de mi abuelo tecleando con firmeza cada una de las letras dibujadas en la máquina de escribir. El suyo era un rostro de actor de cine, de profesor de filosofía, de amante de la vida. Una silueta que cada día anhelaré fotografiar. Una mirada que proyectaba la película de una carrera que siempre he querido emular. Esa inquietud por el amor, la música y las letras, esos pies nerviosos que se convirtieron en los míos y me han hecho bailar con el periodismo, el cine y la fotografía.

Frente a una improvisada hoguera con Paco y Manu, a los pies del mar, descubrí por fin un olor a salitre distinto. Cambiar la noche iluminada con semáforos y farolas, por el intermitente haz de luz de un faro que marca un camino diferente. La bonita senda llena de retratos, de momentos y de películas de cada vida, de cada persona, que esta familia de instantáneas me ha regalado.

Con la luz entrando por las cortinas de madera, el desorden de libros antiguos, y el café que sustituye al vino a la hora de comer, solo Melocotón llama mi atención. Una parte de mi quiere ver el mundo en los ojos de mi felina amiga. Melancolizada, enternecida dentro de sus dos redondas y paradas lágrimas. Su calma ambientada con la música de Leonard, Ryan y Bob, y unos sueños que me inquietan por la paz de su rostro y la dulzura de sus gruñidos.

Dejando atrás la soledad del corredor de fondo, la meta, lejos de ser un anhelo, es el objetivo. Quiero ser un actor de cine, un profesor de filosofía, un amante de la vida. El fuego en el rugir del mar. Una mirada felina. Quiero una película llena de fotografías y de canciones por descubrir.

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Manu Quintero. Un bonito paisaje, un momento especial.

Disfrutar de una aventura en compañía es lo que me unió a Retrato de un Instante. Concretamente en un viaje fotográfico por Cantabria donde conocí a Paco. En aquella época, arropado por mi familia y amigos, lo único que quería era transmitir experiencias a toda costa. Me importaba tanto el momento y las sensaciones que tenia frente a la cámara que casi me olvidaba de la técnica y del ritmo que la fotografía requiere. Ahora, encontrar el equilibrio es mi principal objetivo.

A mis veintantos, bajando un poco la media del equipo, me concentro cada día en mejorar. Virtud o defecto de este oficio, me reconcomo por dentro si algo que me emociona ocurre y no llevo la cámara encima. Siempre he confiado en mis estudios como diseñador e ilustrador para poder encontrar y componer esa foto que demuestre, y que de alguna manera nos recuerde, que aquel día fue especial.

Reconozco que deslizarme desde lo alto de la montaña hasta las olas del océano, con todo lo que el camino siempre te ofrece, es mi motivación. Pero llevar una cámara en las manos y captar lo que ocurre a mi alrededor es mi pasión y una forma de vida.